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La divertida leyenda del roble - Chistes D

La divertida leyenda del roble

junio 21st, 2016

En un antiguo condado
De estirpe prosaica y noble
Entre penas olvidado
Yace un pueblo cautivado
Por la Leyenda del Roble.

Alineado entre jarales
Y torres mochas y umbrias
Fenecianse los dias
Bajo los bastos nogales
De hojas secas y sombrias.

Y como nido de cuervos
Entre peñascos acerbos
Y cálidos torreones
Se alzó un castillo frontero
De tres pares de cojones.

Era senor del Castillo,
De vida libre y disoluta,
Un gacho de horca y cuchillo,
Mala leche, bruto y pillo
Verdadero hijo de puta.

Se llamaba Beremundo
De Atalante y Puntalaba
Y era el cabron tan fecundo
Que cuando se encandilaba
Daba por culo a todo el mundo.

Con su arrogante pujanza
Jamas enemigo pudo
En el lance o la venganza,
Uso su picha por lanza
Y los cojones de escudo.

Siempre andaba dando vueltas
Tras una moza forzuda
De carnes duras y prietas
Y de exuberantes tetas,
“Una gachi cojonuda”.

Era su cuerpo sin faja
Asombro de todo el mundo
Y se hizo al ver su raja
El cachondo Beremundo
En su honor mas de una paja.

Un dia que con su gente
Iba a los montes de Arnedo,
Encontrose en una fuente
Con que la niña inocente
Se estaba metiendo el dedo.

Al mirarla Beremundo
Quedose un instante fijo.
Mas luego, en un segundo,
Lanzo un grito tremebundo
Enarbolando su pijo.

Llevaronla junto a un roble,
La sujetaron los brazos,
Ataronla los muslazos,
Y Beremundo, el gran noble,
La sacudió tres polvazos.

Aquello fue la remonda.
La doncella, aun cachonda,
Se defendió como un mulo
El conde dijo “otra ronda”
Y la atizó por el culo.

Gerimeldo, el bello paje,
Lloraba por el ultraje
Viendo del conde aquel clavo.
Aunque de humilde linaje
Era un niño al fin y al cabo.

Por ser guapo, lindo y fino
Le llamaban Valentino.
Claro está que lo comprendo
Era un maricón tremendo,
Al pan pan y al vino vino.

Como tenía una vena,
Aun mirando esto con pena,
Observó que algo faltaba
Y para completar la escena
Dio por culo a Puntalaba.

Y es verdad que le hizo daño
Al notar que un cuerpo extraño
Le atravesaba la ropa
Exclamó “Si no me engaño
Me están dando por la popa”.

“Mas juro por el Dios Baco”
Dijo soltando un gran taco
Que me cayo y disimulo,
Que a mi me daran por culo
Pero yo no se la saco.

Y ya cachondo y sin traba
El noble que la agarraba
Le metió el carajo entero
Mientras Geremildo echaba
Gasolina por el trasero.

Y a la doncella cautiva
La dejan como una ojiva
Los hidalgos de Atalante.
Por debajo, por arriba,
Por detras y por delante.

La doncella quedo muerta
No se sabe a ciencia cierta
Que fue lo que la mató,
Si la embriaguez, o la dicha,
O los tres metros de picha
Que el conde la regaló.

Y ahora empieza la leyenda
Por culpa de la jodienda
Entre el conde y la hermosa.
Procurare que me entienda
Que tiene huevos la cosa.

Atalante ya ha parmado.
Del castillo derrumbado
Apenas queda el escudo.
Las gentes han olvidado
Aquel lance cojonudo.

Pero una doncella astuta
Cierta noche declaró
Que en el roble de la gruta
Beremundo o su fantasma
Sanguinario apareció.

Acudieron los villanos
Con faroles en las manos
Y con chapas en los anos.
Vienen de lejos trotando
Con los cojones colgando.

Reunidos mas de ciento
Fueron al momento a ver
Escondidos sin decoro.
Un chillido rasgó el viento
No era Atalante, era un loro.

Mas de pronto por la gruta
Vieron al noble en su ruta
Dirigiendose hacia el roble.
Si queries hijos de puta,
Pero al fin y al cabo, nobles.

La poya arrastraba fria
Tan gorda como aquel dia
El fantasma Beremundo
Lo que prueba que aun seguía
Cachondo en el otro mundo.

Geremildo con su herida
Figuraba ya sin vida
En el cortejo de gloria
Con una vela encendida
Y el culo por palmatoria.

Y marchaba al lado suyo
El hidalgo iba a pie
Ostentando con orgullo
Un farol en el capullo
Y en cada huevo, un quinqué.

Orientose en su camino
Por el olor a chumino
Que salia de la fronda
Y encontrose bajo un pino
Doce doncellas cachondas.

Cachondas, no me confundo.
Cachondas, si, por el nabo
Que arrastraba Beremundo
Que aun siendo del otro mundo
Era un nabo al fin y al cabo.

Sin dejarlas reaccionar
El fantasma empezó a hablar:
“Doncellas es mi desdicha
Tener que siempre vagar
Hasta que muerdan mi picha”.

“Se que os importa un cojón
Esto que os hago saber
Mas, como es mi salvación
Me la teneis que morder
Por la gloria de Cotón”.

Asi habló con gesto fiero,
La diestra en la espada poya,
Mientras su fiel escudero
Le perfuma con esmero
La cabeza de la poya.

El conde que observa el trance
Y con gesto de fiereza
Aconsejó con destreza:
“Acabemos pronto el lance
Y morderme la cabeza”.

Una doncella aterrada
Vio la escena veleidosa
Y a sus pies arrodillada
Cogió en sus manos la cosa
Y comenzó la mamada.

La moza con desparpajo
En su fea acción no ceja,
Y se la mama a destajo
Le muerde al fin la cabeza
Y le deja sin cabeza en el carajo.

Al ver su picha sangrienta
El conde mostró su asombro
Mas luego, de buen talante,
Se cargó la picha al hombro
Y se marchó tan campante.

Y comenta quien lo vio
Que enseguida se esfumó
Del árbol entre las setas
Seguro que se marchaba
Al infierno a hacer puñetas.

Aqui la leyenda acaba
Del Conde Don Beremundo
De Atalante y Puntalaba.
La conoce todo el mundo
Y todo el mundo la alaba.

Mas sería vana esta historia
Si no quedó en tu memoria
Haciendo un esfuerzo nulo.
Si aplaudes, esa es mi gloria,
Si no, que te den por culo.

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