El chiste del hombre de color

Querido amigo blanco:

Un par de cosas deberías saber,

Cuando yo nací, yo era negro.

Cuando empecé a crecer, era negro.

Cuando voy a la playa soy negro.

Cuando tengo frio sigo siendo negro.

Cuando tengo pánico soy negro.

Cuando me enfermo soy negro.

Inclusive cuando me muero continúo siendo negro.

En cambio tu, mi querido amigo blanco.

Cuando naces eres rosado.

Cuando empiezas a crecer te pones blanco..

Cuando vas a la playa te pones rojo.

Cuando tienes frío te pones azul.

Cuando tienes pánico te pones amarillo.

Cuando estas enfermo te pones verde.

Cuando te mueres te pones gris.

Y tú todavía tienes los huevos de decirme que:

Yo soy ‘de color’???

Tu eres tonto del culo!!!!!!!

El negro

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Chiste Poesía

Frecuentaba una venta cada día
un tipo que, a la hora de almorzar,
con sólo su cubierto olfatear
acertaba el menú que se ofrecía.

Oliendo la cuchara, se expresaba:
“Sopa de picadillo de primero,
y sopa de tomate al modo arriero.”
Y oliendo el tenedor manifestaba:

“Chuletas o costillas de ternera
con pimientos morrones para asar,
y tostón segoviano al acueducto…”

Y, así, lo adivinaba a la primera.
Se dijo que su acierto era producto
de algún truco de magia o del azar.

Y adivinaba el postre y la bebida,
por lo que fue famoso y con razón.
Al dueño le aburrió la situación
y preparó una trampa bien urdida:

Le pidió a su mujer que se pasara
un cubierto completo por tal parte
y luego lo pusiera, con gran arte,
al cliente en la mesa que ocupara.

Y así lo hizo. Y acudió el asiduo
que empezó, como siempre, a olisquear,
mas en su olfato no encontró residuo

de condumio ni nada que yantar.
Al cabo, preguntó con gesto raro:
“¿Desde cuándo trabaja aquí la Charo?”

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El chiste de las cosas de hombres y de mujeres (y viceversa)

Mujer: a donde vas?
Hombre: salgo un ratito..
M: te llevas el auto?
H: sip
M: tiene gasolina?
H: si, ya le puse.
M: vas a tardar mucho?
H: no, una horita más o menos
M: adonde vas?
H: no sé… por ahí… solo a dar una vuelta
M: y… ¿no prefieres ir caminando?
H: no, me voy en el auto
M: me traes un helado?
H: de qué lo quieres?
M: de mango
H: bien, de regreso paso a la heladería y te lo traigo
M: de regreso?
H: si!… porque si nó se derrite
M: oor qué no vas ahora, vuelves y me lo dejas?
H: mejor a la vuelta… va a ser mejor
M: Uta… ma…
H: cuando vuelva tomamos el helado juntos
M: pero no te gusta el mango
H: me compro otro
M: trae de vainilla!
H: tampoco me gusta la vainilla
M: trae de chocolate entonces!, que nos gusta a los dos
H: Ok!… besos, vuelvo en un rato
M: oye…
H: qué?
M: mejor chocolate no… trae fresa!
H: no me gusta la fresa!
M: entonces traeme mango a mi y tú el que quieras
H: fué lo que dije desde el principio…
M: estas siendo irónico?
H: oh!!! nop… ya me voy
M: dame un beso!
H: bueno… (beso)
M: vas en tu auto o en el mío?
H: en el mío
M: usa el mío, tiene cd. El tuyo no…
H: no quiero oir música, voy a despejarme un poco…
M: necesitas despejarte?
H: no sé!… cuando regreso te digo.
M: no tardes!
H: no tardo… (abre la puerta)
M: amor…!
H: y ahora qué?!…..
M: uuuyyy! que grosero
H: amor… ¡Estoy intentando irme y no me dejas!
M: por qué quieres ir solo?. te vas a encontrar con alguien?
H: qué quieres decir?!
M: nada, nada… olvídalo
H: ven acá! (cariñoso)… ¿crees que te estoy engañando con alguien?
M: no… claro que no… pero ya sabes como son…
H: cómo son qué?
M: los hombres!!!
H: estás generalizando o estás hablando de mi?
M: estoy generalizando
H: entonces no me lo apliques. sabes que no te haría algo así.
M: está bien… vete entonces.
H: ya! ya! ya me fuí!!!!
M: oye…
H: AY POR DIOS!… Qué?!!!!
M: llevate el celular…
H: para qué?… ¿para que me estés llamando constantemente?
M: no!… Por si pasa algo.
H: no te preocupes…
M: ok, ok… perdóname por la desconfianza… es que te extraño!
H: está bien. no quise contestarte asi. te amo!
M: yo también!
M: puedo usar tu celular?
H: para qué?
M: los jueguitos!
H: quieres mi celular para jugar?
M: sip
H: usa la computadora, hay un montón de juegos ahí.
M: no entiendo ese aparato…
H: para qué me hiciste que te la comprara el mes pasado?
M: no importa… entonces llevate el celular porque sino lo voy a usar.
H: úsalo… no hay nada importante en él.
M: Si?…
H: Sí!
M: dónde esta?
H: que cosa?
M: ¡Lo que debería estar en el celular y no está!
H: qué?!
M: nada!… olvídalo!
H: estás enojada?
M: no, no estoy.
H: entonces me voy!
M: amor….!
H: queeeeEEEEÉ!!??
M: ya no quiero helado!
H: Ah no?!
M: Nó!
H: (Un suspiro)… ok…ok.. Ya no voy a salir!
M: ah si?
H: sí!
M: entonces te quedas conmigo?
H: nó!, me aburriste!! me voy a dormir!
M: estás enojado?
H: siiiiiii!!!
M: ¿Y POR QUE MEJOR NO TE VAS A DAR UNA VUELTA PARA DESPEJARTE?

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Lo voy a dejar con mi novia.

Lo voy a dejar con mi novia. Y me va a costar, ¿eh?, porque es inteligente, cariñosa, divertida… Pero es que tiene un defecto que no puedo soportar: está buenísima.

Con ella me pasa como con los relojes. Yo prefiero tener uno de propaganda del All Bran de Kellogs que un Rolex de oro.

Sí, porque con el de All Bran la gente puede pensar que voy estreñido, pero es que con el Rolex voy cagao. Estoy todo el día:

“¿Y si me lo roban? ¿Y si me lo joden?”. Pues lo mismo me pasa con mi novia: ¿Y si me la roban…? ¿Y si me la joden?

Todo empezó una noche que estaba en la discoteca. De repente la vi y pensé: “¡Joder, parece mentira que esta chica y yo seamos de la misma especie! ¡Pero si a su lado yo parezco la rana Gustavo!”.

Y la tía me mira y me guiña un ojo. Que yo pensé: “¡Qué pena, con lo buena que está y que tenga un tic!”. Pero no, se me acercó con los ojos bien abiertos y me dijo:
– Hola, ¿estás solo?
Y yo:
– Hombre… solo, solo, lo que se dice solo… sí.
– ¿Nos tomamos algo en la terraza?

Y ahí me dije: “Ah, bueno… Ya lo entiendo… ahora saldremos a la terraza, habrá una cámara oculta, y de detrás de un ficus, saldrá Juan y Medio… “Inocente, inocente…” y me la cambiarán por Javivi”.

Pero no. Nos pusimos a hablar, nos caímos bien y cuando nos despedimos me dice:
– ¿Entonces me llamas mañana y vamos a tomar un café?
– Vale…

Un café te lo tomarás tú, porque yo me voy a tomar un Valium.

Al día siguiente, cuando me levanté y me miré al espejo, me preguntaba:
“¿Qué habrá visto en mí que yo no veo? A lo mejor soy un intelectual, y no me he enterado. A lo mejor soy hijo de Julio Iglesias.. ¿Intentará cobrarme?”.

La cuestión es que nos hicimos novios. Al principio flipaba: “Con
dos cojones, Pablito… Si tú de cerca ganas mucho, lo que pasa es que nunca se te habían acercado…”. Pero enseguida te das cuenta de que la cosa no es tan bonita:

De entrada, tus amigos de siempre se convierten en “amigos-pívot”. Sí, sí, “amigos-pívot”: están esperando un fallo tuyo para coger el rebote… y encestar ellos.

También te das cuenta de que no puedes salir a la calle con ella.
Porque pasas por una obra, y es como si hubieran apretado un botón:
– ¡Qué pasa, Blancanieves! ¿Dónde has dejado al resto de los enanitos que sólo vas con uno? ¡Mucho conejo pa tan poca zanahoria!
Y aquí ya no aguantas más, se te sube la sangre a la cabeza, se te hincha la vena y… te pones a llorar.
Claro, ¿qué vas a hacer? ¿Encararte con quince tíos que están hartos de tirar tabiques? Porque tampoco puedes razonar con ellos: hagan el favor, que esta mujer tiene pareja y a lo mejor anda por aquí cerca…

Es que no puedo ni ir a la playa con ella. Porque cuando vamos paseando por la orilla, agarrados de la cintura… ¡parezco su flotador de patito!

Pero lo peor es cuando salimos de marcha. Es agotador, porque se tira toda la noche bailando y claro, tú con ella. No vas a dejarla allí sola, porque están todos los tíos alrededor: “Grruaaaa, gruuuuua…”. Así que sigues bailando. Y, de pronto, empiezan a entrarte unas ganas terribles de mear. Y piensas:

“¿A esta tía no se le acaban nunca las pilas?”. Pero nada, es como el conejito de Duracell: dura y dura y dura… Y te tienes que aguantar, porque miras al resto de los tíos y… dura y dura y dura… Porque cuando mi novia entra en una discoteca, es como cuando el Rey entra en el Congreso: todos los miembros se ponen firmes.

Por todo esto yo me pregunto: ¿me compensa realmente salir con esta chica? Y ustedes dirán:
“Hombre… está… el sexo…”. Pues tampoco. Sepan ustedes que salir con una tía buena arruina tu vida sexual. Porque yo, antes de conocerla, aguantaba los diez minutos de rigor en la postura del misionero. Pero ahora, en cuanto ella se quita el sujetador, ni misionero ni leches, a mí sólo me da tiempo a decir “amén”.

Y por todo esto estaba a punto de dejarlo Pero, pensándolo bien, es tan inteligente, tan cariñosa, tan divertida… Vale, está muy buena…

Pero oye, un defecto lo tiene cualquiera….

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